El desastre de persona que soy.

Dayra Solis Martínez

Ni en la escuela ni en el hogar nos enseñan a amarnos a nosotros mismos. No nos ponen frente al espejo para vernos detalladamente. Ni siquiera le damos la importancia hasta cierta edad. Llega un momento en el que estás ahí; mirándote y te descubres miles de defectos que no sabías que tenías, no entiendes porque sientes que algo falta ahí.

Y eso está bien, porque de no haber tenido todas esas dudas, tal vez no hubiésemos crecido tanto como personas. Es simple, es una acción y reacción.

Escribo todo esto porque me parece que siempre andamos en búsqueda de algo que nos hace falta. Como cuando dicen que el propósito del hombre en esta vida es la felicidad. Tal propósito solamente nos desvía de prestarle atención a la persona que realmente tenemos por siempre: a nosotros mismos

Nuestra serie de acciones que nos llevan a buscar ese quién sabe que, a veces nos hace equivocarnos, nos hace perder cosas y personas que no sabíamos que podían irse de nuestro espacio. Pienso yo que los errores que cometemos nos hacen más ser quién somos que nuestros logros. Porque, qué fácil es ir por la vida siendo bueno cuando dicen que la naturaleza del hombre es ser perverso. Y eso lo aprecio bastante. Me parece impresionante como un ser es capaz de levantarse después de cada caída y no importa cuántas veces tropieces con lamista piedra. Simplemente te levantas. Así, hasta que ya sabes donde se encuentra tal piedra y jamás vuelves a verla en tu vida.

Suelo sentirme mal cuando me equivoco. Siento que no me equivoco como los demás lo hacen. Y empiezo a despreciarme a mí misma. Miro fotografías de hace años y me pregunto que pensaría la yo de ese entonces de la yo de ahora y luego me doy cuenta que eso no importa, el pasado simplemente es borrado porque el presente es lo único que importa para armar un futuro incierto.

Y que somos una máquina de curiosidades y dilemas increíbles.

Y que no nos gusta sentirnos solos.

Y que tenemos manías extrañas y secretos que guardar.

Y que a veces solo vivimos por un propósito, se nos olvida que ya estamos viviendo en primer lugar.

Y cuando me siento así, llena de incógnitas y me pongo frente al espejo. Veo el desastre de persona que realmente soy y eso está bien, más que mejor. Veo mis errores y mis defectos, pero también veo mis grandes ojos marrones, aquellos que me delatan en todo momento y recuerdo que sé que estoy destinada para algo más que solo buscar mi propósito en esta vida.

Si tuviera la oportunidad de cambiar mis acciones…no lo haría, no alteraría mi desastre porque sé que en algún punto creceré gracias al desastre de persona que soy.

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