La realidad educativa.

Por Daniel Campos
La educación no cambia al mundo, cambia a las personas que van a cambiar el mundo” Paulo Freire.
Es bien sabido que en México la mayor parte de la población es ignorante, con visión acotada respecto a lo que le rodea, con una afinidad desbordante por las ideas populares, nos gusta ir como “borregos” detrás del primero, pero pocos se han dado a la tarea de buscar el trasfondo de este problema que tanto aqueja a nuestro país, que tanto nos hace posicionarnos en los más bajos círculos de la educación popular.

No todo empieza últimamente, siempre ha existido (desde la llegada de los españoles) un rezago educativo muy marcado en los sectores vulnerables y de bajos recursos económicos de la sociedad. Y bien, ¿qué es lo que causa todo esto? Hemos crecido como nación con la idea de que los “privilegiados” nacen siendo ricos, nacen siendo “güeros”, nacen “diferentes”, todo esto resultado del yugo español que nos tuvo sometidos trecientos años. Cuando España logra conquistar a los pueblos originarios, prehispánicos, se idealiza al español como un hombre fuerte, poderoso, superior y ganador generalmente blanco, es decir, “güero”; al indígena se le ve como una raza inferior, rezagada en las periferias de las ciudades y cuyas capacidades no eran más que de un animal de carga, de un obrero resistente y de un bárbaro maleducado y sin modales, alguien que muy difícilmente salía de esa “podredumbre” en que había nacido. Naturalmente la gente indígena se fue relacionando en la mente de los nuevos pobladores como seres in-educables y con poca capacidad de entendimiento, reduciéndolos así a ser la más baja clase en la nueva sociedad mexicana. Los descendientes de ellos mismos son los que actualmente siguen perteneciendo a la clase baja, sigue siendo un punto de discriminación por sus facciones y aspecto, negándoles del mismo modo el acceso a la educación de manera directa o indirecta.

Desde tiempos inmemorables la clase alta ha dirigido al país, ha tomado las riendas de este gigante, pisoteando a los sectores vulnerables. A todo dirigente le conviene tener subordinados y gobernados ignorantes, poco capaces de entender lo que realmente pasa en las riendas del gigante, gente que sepa poco de sus derechos, obligaciones y leyes que les rigen, para así no poder exigir ni protestar en contra de lo que pasa en la administración pública. ¿Cómo lograrlo? Con un pueblo SIN EDUCACIÓN, como si fueran borregos siguiendo a un lobo disfrazado de oveja.

Hablar de un pueblo educado y feliz es algo totalmente utópico, es una verdadera imposibilidad que un país logre en su totalidad tal cosa con su pueblo, ni las grandes potencias han podido. Pero todo esto nos lleva a ir más allá del fondo, tal vez al tras-trasfondo. México ha sido por muchos años el patio trasero de los E.U.A., un país que necesita mano de obra barata, ignorante (para no pelear) y dispuesta a trabajar, México se lo ha dado, todo a cambio de su “apoyo”, un apoyo hipócritamente fundado en el reproche de deudas viejas que no hemos podido pagar, un apoyo con condición, una mano delante mostrándose amigable y otra mano tras de la espalda con un acero decidido a dar una estocada mortífera en el momento de la “rebelión del patio trasero”, nosotros, mexicanos, inundados por aquel miedo de echarnos encima a la potencia mundial sólo “doblamos las patas” a modo de resignación.

Siempre ha sido un secreto a voces que somos los fieles vasallos dispuestos a cambiar nuestro aspecto con tal de parecernos al “Uncle Sam”, para parecer refinado, sofisticado y diferente, una verdadera estupidez que hace que nos sintamos extranjeros en nuestra propia tierra.
Es una pena que tengamos años de rezago, que el promedio escolaridad sea de 8 años, es decir, preescolar y cinco años de primaria. Concluyendo, México es un país con grandes posibilidades de ser una potencia sin límites, el único impedimento es la falta de educación y el yugo estadounidense que llevamos al cuello. Debemos quitar de la mente de los mexicanos el conformismo, reforzar el nacionalismo y fortalecer el sentido de pertenencia.

Nuestra gente es trabajadora, basta con educarla e informarle sobre lo dictado por las leyes para que reconozcan la grandeza de ser mexicanos.
“Tal vez mis palabras sea fuertes, pero espero que lleguen a un oído sensible” María Félix.

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