“Si no vives para servir no sirves para vivir”

Por María Fernanda Rivera Ramírez

Al llegar Semana Santa muchos se preparan para salir a vacacionar o simplemente descansar, entre otras cosas, pero en nuestro caso, hacemos la maleta para ir a una misión donde compartiremos tiempo de nuestra vida, amor y un sinfín de experiencias.
El lugar que se eligió para este año fue el municipio de Donato Guerra, en el Estado de México.
En esta ocasión tuve mucha suerte de tener un equipo que hizo de esta semana un tiempo en que logramos realizar las actividades marcadas, convivir con la gente de la comunidad de Batan Chico y divertirnos mucho.
Al llegar a un nuevo lugar donde tienes que adaptarte tanto a diferentes condiciones climáticas, formas de vivir, diferente costumbres y formas de llevar la Semana Santa y sobre todo el salir de tu zona de confort, que creo yo que puede llegar a ser de lo más complicado; sin embargo, el cariño de la gente, las ganas de ayudar y compartir con ellos cada momento que estás ahí te hacen olvidar y no prestar importancia alguna a las incomodidades que puedes llegar a sentir.
Entre los sentimientos más increíbles que puedes llegar a vivir en un viaje de misiones es el compartir la alegría, ganas de vivir de los pequeños de la comunidad; algo de lo más bonito que pude ver es la sonrisa de una niña cuando le dimos un pequeño juguete, en ese momento pude confirmar que estar ahí valía la pena y que no hay mejor agradecimiento que ver las sonrisas de esos niños.
También tuvimos la oportunidad de realizar la visita a enfermos, personalmente me hicieron darme cuenta de que hay personas con mayores dificultades y tristezas en la vida, pero tienen una sonrisa que mostrar a los demás y buscan lo bueno dentro de todo lo malo y salir a delante a pesar de todo lo que se les puede ir presentando.
El vivir esta experiencia lo volvería a repetir una y otra vez, la felicidad de compartir un poquito de tu vida con otros, poder escuchar sobre la suya, sus experiencias ya que muchas veces el tan solo tener alguien que los escuche es de mucha ayuda para ayuda para ellos en algunas ocasiones es aún mayor que la ayuda material.
En muchas ocasiones es mucho más lo que ellos nos pueden dar a nosotros, al llegar a sus casas nos reciben de una manera increíble como si fuésemos parte de su familia, de lo poco que tienen te ofrecen lo mejor sin dudarlo, en cuanto saben que te recibirán es su comunidad comienzan con los preparativos, en donde vas a dormir y en que casas vas a comer y eso vale muchísimo ya que sin conocerte ellos te esperan con alegría.
Creo que el despedir se te vuelve un momento lleno de sentimientos encontrados ya que te sientes feliz de haber podido vivir con tu equipo algo tan increíble y poder entrar en los corazones de esas personas, pero también sabes que es posible que no te vuelvas a encontrar con las personas que te ofrecieron su hogar por toda una semana.
Puedo decir que el saber que es misiones no se puede concretar hasta que te atreves a vivir la experiencia.

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