SÁBADO DE GLORIA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR

Por Hna. Mariesther del Espíritu Santo Guillén Guzmán, cmst.

El tiempo anterior a la Fiesta de la Resurrección que hoy celebramos, representa para cada uno de nosotros un espacio de reflexión sobre nuestro ser y quehacer en la Iglesia y en el mundo.
Sin duda alguna, uno de los tiempos más bellos para los cristianos católicos, es el tiempo de Cuaresma. Es el momento en que la experiencia de la Misericordia del Padre se hace presente en nuestra vida.
Porque descubrir el Rostro lleno de ternura y amor de un Padre que nos espera a la puerta, con los brazos abiertos y la mirada que irradia bondad, no puede menos que provocar un acercamiento a la contemplación del Amor patente del Creador.
Si bien es cierto que cada día de nuestra historia nos encontramos con diversas oportunidades de perdonar y pedir perdón. Este tiempo simboliza para cada uno de nosotros el descubrimiento de la dignidad con la que hemos sido creados y las ocasiones en que hemos perdido el momento de aprender a vivir y a saborear lo que es y significa el Amor de Dios siempre presente.
Este proceso de Encuentro con el Rostro del Padre y nuestra propia identidad, encarna la purificación más profunda de nuestro ser. El deseo de descubrir el verdadero yo, promueve en nosotros la búsqueda y el encuentro con la verdad de quienes somos, nos pone y propone el camino de Resurrección, es decir, el Camino de la Luz, la Verdad y la Vida.
Todos los seres humanos necesitamos con urgencia que se produzca este Encuentro. Jesús se define a Sí Mismo como el Camino, la Verdad y la Vida.
Por eso, este día de celebración de la Pascua, es decir, de la Resurrección del Señor Jesús, hacemos patente el proceso de descubrimiento de la Luz de Jesús en el Evangelio que ilumina nuestros pasos, haciendo y recreando el Camino en el descubrimiento de la Verdad de Dios y la verdad de nosotros mismos.
Y ésta es la experiencia del Amor, de la Resurrección. Aprender a vivir el descubrimiento del inmenso amor del Padre, en su Hijo Jesús que nos redime continuamente y con quien nos configuramos bajo la acción del Espíritu Santo.
Allí, encontramos la felicidad, la alegría, la plenitud de nuestras relaciones con Dios, con nuestros hermanos, con la Creación, con nosotros mismos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *