“Ayudar a tener esperanza”

“Si ayudo a una sola persona a tener esperanza, no habré vivido en vano.” Martin Luther King.

Mi nombre es Ibrahim Cruz Valdez, tengo 17 años y en la actualidad curso el cuarto semestre de preparatoria.

Cuando tenia una edad aproximada de 10 años encontré un gusto inimaginable por la medicina y la ayuda humanitaria; tenia 14 años cuando en un campamento conocí una institución la cual de forma voluntaria atendía emergencias en campamentos o en lugares donde habían ocurrido desastres naturales, en ese momento decidí involucrarme en el ámbito que me gustaba, sin embargo cuando fui a solicitar mi ingreso a la institución la respuesta fue “Nos gustaría mucho que trabajaras con nosotros, pero aun eres muy pequeño”; sin embargo yo siempre me he considerado una persona que se aferra a lo que quiere y lucha por conseguirlo; después de ese campamento comencé a estudiar por mi cuenta, busque a alguien que me enseñara acerca de primeros auxilios y atención prehospitalaria; estaré eternamente agradecido con todos aquellos que con paciencia me instruyeron.

Exactamente un año después de haberme capacitado tuve la oportunidad de ingresar a una institución de atención prehospitalaria y ayuda humanitaria, en la cual llegaría a darme cuenta de que lo que conocía apenas era el inicio de un gran camino que tenía que recorrer.

Después del 19 de Septiembre del 2017, recibí la invitación para ir con “ADRA” al estado de Morelos a prestar ayuda humanitaria a los damnificados por el antes mencionado evento, sin pensarlo dije “si, vamos”, recuerdo muy bien que era un viernes en la noche cuando íbamos a partir al estado, donde al siguiente día prestaríamos nuestros servicios, esa noche no pude dormir, solo pensaba “tienes que ser fuerte”, a las 00:00 horas la caravana de voluntarios partimos hacia nuestro destino, recuerdo que cuando llegamos al lugar de Ixtlilco el Grande solo podía ver escombros y en los habitantes una cara de preocupación, después de haber llegado al campamento base y de recibir indicaciones, se nos traslado a la vivienda donde íbamos a trabajar, mientras tirábamos una casa la cual tenía daños estructurales que no permitirían que alguien la habitara más, un niño de aproximadamente 8 años se me acerco y me dijo “No tiren mi casa por favor”, en ese momento un frio recorrió todo mi cuerpo y ahí reafirme mi misión en la tierra “ayudar a aliviar el dolor humano sin hacer distinción alguna”.

El saber que has salvado o mejorado la vida de alguien no tiene precio y es algo que quiero hacer el resto de mis días.

En la actualidad formo parte de diferentes instituciones cuyo fin es ayudar a las personas, planeo estudiar medicina para continuar haciendo lo que me apasiona “Ayudar al prójimo”.

Solo te puedo decir que no importa los obstáculos que se te presenten, ¡ayuda a los demás! Desde el ámbito que a ti te guste y sentirás una enorme satisfacción

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