El México que todos quieren.

Hijos de dos mundos, nietos de miles de almas que cruzaron el mundo entero tratando de encontrar el mejor lugar para sobrevivir, descendientes de una raza inteligente y brillantemente capaz de construir un imperio, hijos de la… patria, esos, queridos lectores somos los mexicanos.

El mexicano por naturaleza es burlón, pero sabe tomarse las cosas enserio; el mexicano es tragón, aunque se preocupa por mantener la línea; el mexicano es flojo, pero muy capaz en todo lo que hace; el mexicano es esa mezcla perfecta entre perfección, debilidad, genialidad y vulnerabilidad humana, un ser humano capaz de todo y nada a la vez.

Todo mexicano sueña (soñamos) con un país donde los derechos se respeten, donde la democracia sea efectiva, donde la vida en armonía y el orden social sea la base del Estado Mexicano, pero pocos ponen manos a la obra para levantar tales cimientos. Es un tanto irrelevante que el mexicano exija cuentas claras cuando muchas veces Doña María le tranza a su comadre el dinero de la tanda, es irónico exigir que los impuestos bajen cuando Don José “se cuelga” de la luz de su vecino, y a pesar de que en el día a día el mexicano exige sin poner su grano de arena, no preocupándose por el futuro ni dándose cuenta de que en esas pequeñas acciones está su propio perjuicio nada más no aprende.

El mexicano sueña con vivir en El jardín del Edén, pero no se da cuenta de que ya vive en él, la cuestión en boga es saber administrarlo; todos sueñan con una administración pública con cuentas claras y limpias, pero viven debiendo a cientos de empresas y agiotistas el dinero con que contrataron SKY aunque su casa siga teniendo el techo de láminas galvanizadas; toda la vida política del mexicano es una ironía.

Pero bien, ¿qué se necesita entonces para que todo este Edén funcione a la perfección? Sencillo, enseñar desde niños institucional y moralmente los valores fundamentales cruciales para el desarrollo de la sociedad, aquel lema tan perfectible del positivismo: Amor, orden y progreso. Pero no basta con eso, en México hace falta una educación cívica con mano dura, volver a enseñar que el amor a la patria es lo que nos da fuerzas para trabajar en razón de la misma y en beneficio de todos, porque es claro que al buscar el beneficio común se busca el propio.

El sentimiento de ser ajeno, de sentirse extranjero en la tierra propia es lo que tiene a este país en el agujero tan grande en que hoy por hoy se encuentra, esa maldita obsesión de parecer distinguido y sentirse superior a los demás por hablar un par de palabras en lengua extranjera, estar a la moda de algún vecino (del norte) es un secreto a voces que muchas veces, por la falta de educación cívica, nos lleva a dejar a un lado la nacionalidad, ese vínculo tan honorable con esta tierra tan hermosa; es por eso que hoy con lágrimas en los ojos, con los sentimientos a flor de piel y con el grito de ¡GUERRA! es que quisiera escuchar a mis hermanos mexicanos decir: ¡Piensa, oh patria querida, que el cielo un soldado en cada hijo te dio! Luchemos para ver a nuestro país en las cumbres más altas del desarrollo y el éxito mundial, luchemos para generar conciencia y trabajar en pro de la patria.

¡Por la patria todo, contra la patria nada!

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *