ASUA

“El que no vive para servir, no sirve para vivir” Madre Teresa de Calcuta.

ASUA construye es el programa de acción social de la Universidad Anáhuac, el cual consiste en ir a una comunidad a construir una casa para una familia en un fin de semana, se dice fácil pero el desapego que conlleva es el verdadero reto.

Se trata de dejar todo lo que se tiene materialmente hablando por un fin de semana, y compartir lo que se encuentra en el corazón.

Mi primera construcción fue en octubre de 2016, no sabía realmente lo que tenía que hacer, ni cómo, nos asignaron cuadrillas por colores y fue dónde me di cuenta de lo grande que eran las cuadrillas, había otros 20, dispuestos a darlo todo, además asignan a 2 jefes de cuadrilla por cada casa, mis jefes de aquel entonces me parecían personas inalcanzables, con el don del servicio muy grande; recuerdo preguntarme “¿Qué tengo que hacer para ser jefa de cuadrilla?”.

La construcción tiene distintas etapas y se divide en 3 días; el primer día, el firme ya está, así que se hace el armado de los paneles, se colocan reglas para que las paredes queden lo más rectas posibles, posterior se coloca el techo y se incia con el repellado, para éste último del día uno, es necesario preparar la mezcla, lo que más disfruto de construir es ver a los niños que se les está construyendo la casa trabajando tan duro como los cuadrilleros, no hay poder que los pare, y con justa razón está construyendo su casa.

En el día dos, la tarea más pesada es hacer el colado, se necesita de la entrega y fuerza de todos los voluntarios para poder lograrlo; para el último día se termina de repellar las paredes y se limpia la casa, para hacer entrega a la familia de lo que ellos al día de hoy ya pueden llamar hogar.

Me enamoré del proyecto, de la vibra con la que se construye, de bailar cumbias con personas que no conocía y hoy considero familia, de comer los alimentos que preparaba la familia con un sazón inigualable, de sudar hasta la “gota gorda”, del cansancio de mis piernas, de mis manos, y poder ver que todo lo que sentí era para darle un techo a una familia.

Quedé tan maravillada que seguí como voluntaria y además contagié a mi hermano de unirse a tan gratificante proyecto.

Estuve en dos construcciones más, dándolo todo, con la mejor actitud y con la risa que me caracteriza.

Anunciaron las fechas de la construcción del 2019, y yo estaba puesta para inscribirme, recibí una llamada del coordinador del programa para anunciarme que sería jefa de cuadrilla, al principio dudé que era a mí a quién quería contactar, pero cuando me “cayó el veinte” no podía de la emoción, quería hacerlo tan bien, para enamorar a más como yo lo estoy. Tuve a cargo junto a mi cojefe Alex, a 30 personas, éstas 30 personas fueron a construir el sueño de una familia de 5 integrantes, la señora Lourdes, su esposo Rogelio y sus 3 hijos, Jorge, Cristóbal y Yulendy, sin duda hicimos gran equipo, disfruté, me encariñé, reí, lloré, pero todo lo que sentí se vio reflejado en el agradecimiento de la familia de la señora Lourdes.

Me impresionó ver a personas que lo tenemos todo, terminamos haciendo mezcla, y no porque el hacer mezcla sea menos trabajo que otro, si no por el hecho de dejar lo que tenemos para dar lo que somos.

Construir es un trabajo duro, durante 3 días la cuadrilla se vuelve tu familia, te conocen los peores aromas, el cansancio, y estamos ahí para ayudar cuando el otro ya no puede.

Ser jefa de cuadrilla fue una gran responsabilidad, necesité fortaleza para poderles enseñar lo que yo tanto disfruto .

Sin duda ser jefa de cuadrilla era algo a lo que yo aspiraba, pero no lo hubiera logrado, sin ayuda de mi cuadrilla verde, mi eterno agradecimiento por acompañarme en la aventura de guiarlos y creer en mí.

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