La importancia de la música en la vida del adolescente.

Por Juan Pablo Hernández Estrada

Todo comenzó hace aproximadamente 8 años, cuando en mi plena pubertad decidí tomar clases de batería. No tenía ni idea de cómo tocar un instrumento, pero siempre supe que la música y yo estaríamos conectados. A los 11 años mi única preocupación realmente era mantener un promedio académico superior a 9, que, siendo honesto, no era muy difícil. La batería jamás fue lo mío, a pesar de que aprendí a tocarla y no era malo, decidí salirme. En casa había una guitarra que papá compró en Paracho, Michoacán. Llegó la secundaria y esa guitarra arrumbada y vieja se convirtió en mi mejor amiga. Creo que mi estancia en la secundaria se caracteriza por mí época de guitarrista, ni más, ni menos. Entre los 12 y 15 años las responsabilidades aumentan, pero la música seguía ahí, sí como hobby, pero también como el pan de cada día. Miembro de una familia católica, a los 12 entré a un coro de iglesia en mi comunidad, donde empecé a perder el miedo a cantar públicamente, porque recordemos que, hasta aquí, yo era guitarrista, y bueno, cantante de ducha nomás. Anhelaba que llegara el sábado para ir a misa, y poder cantar y tocar. Era el espacio donde podía hacerlo porque hasta ese momento no formaba parte de ninguna agrupación musical. Ahí mismo, conocí a los que se convertirían en mis amigos y compañeros de mi banda musical, llamada “Sky Drive”, donde hasta a la fecha, me desempeño como guitarrista, ¡y vaya que lo disfruto! Llegó la preparatoria, donde tuve el honor de estar en la Preparatoria Morelos, escuela que quiero y respeto muchísimo. Recinto que me vio crecer durante 3 años importantísimos en mi vida. Los 2 primeros años fueron buenos, pero el último fue superlativo. Decidí, junto a Joshua Méndez, ex alumno de la misma institución, comenzar a crear contenido musical para redes sociales. Dejando atrás tabúes y realmente haciendo lo que nos apasiona: CREAR MÚSICA. A la par, 2 días a la semana impartía el taller de coro, que realmente se convirtió en un espacio de desarrollo musical para los que formábamos parte de él. Si bien la misión, con base en las instrucciones de la dirección era apoyar en las misas mensuales, todos ahí ensamblábamos música de diversos géneros. Estando a cargo de una clase, y evaluando alumnos, descubrí que realmente hay personas musicalmente talentosas, que quizá en otras materias no brillan tanto, pero en las artes son espectaculares. Como crítica (no podía faltar en mi columna), las escuelas deberían perfeccionar las áreas en las que cada alumno destaca más, porque no todos son buenos en lo mismo.

En síntesis, lo que soy hoy no se podría entender sin la música. Desarrollas coordinación, habilidades artísticas, sentido de apreciación, te ves obligado a ampliar tu vocabulario, y todo eso es posible mientras mantienes buenas calificaciones en la escuela. No está peleado el arte con la academia. Al contrario, se complementan. En especial, el alumno de la Preparatoria Morelos es totalmente capaz de desarrollar cualquier habilidad artística a la par de llevar buen promedio académico. La misma escuela te brinda todo para que así sea. Hoy soy estudiante de derecho, pero de corazón, siempre seré músico y como dice el eslogan de la Prepa; “A las alturas por el esfuerzo.”

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