La JMJ un espacio para forjar amistades

Por Ximena Reyes Núñez

Bien dicen que la fe mueve montañas, y pude constar que también hasta un país entero. Mi nombre es Ximena y actualmente curso el sexto semestre de preparatoria.
Tuve la fortuna de asistir a la JMJ (Jornada Mundial de la Juventud) 2019 en la ciudad de Panamá, junto a ocho jóvenes, compañeros de la institución.
La emoción de este viaje da inicio un año antes, en marzo de 2018 se abren las convocatorias y se da el sí, para que esta aventura comience. Muchos de los jóvenes que aguardaban por ir, se dieron a la tarea de buscar una forma de obtener dinero y así costear el viaje, en mi caso trabajé en vacaciones y el hecho de ver rendir mis frutos y aportar al pago del mismo, fue algo muy gratificante que me hizo valorar ya desde un previo la asistencia a este viaje.
Así pasaron los meses y la espera era cada día menor, se acercaba el día tan esperado y le emoción ya se sentía a flor de piel; el viajar siempre es algo emocionante y sumando a esto la idea de ir con un grupo de jóvenes al extranjero, convivir con personas de diferentes culturas, diferentes idiomas, ir sin el cuidado de tus papás, ya la hacía una aventura palpitante.
Desde el primer instante que llegué a Panamá, sabía que una semana increíble me esperaba. El primer contacto con las personas anfitrionas fue muy acogedor, ya que nos dieron una cálida bienvenida, recibiéndonos con porras, aplausos y con una sonrisa; las personas estaban muy emocionadas por nuestra llegada ya que muchos nos decían que el hecho de que un evento tan masivo se fijara en un pequeño país como Panamá, para ellos era un signo de mucho orgullo y agradecimiento, lo cual se notaba en cada rincón con el fervor de la gente.
La dinámica del evento era muy simple, conocidos como peregrinos a las personas que asistíamos al encuentro, se nos asignaba una familia con la cual compartiríamos nuestros días de estancia estando allá, sin nunca imaginar que se volverían en una segunda familia para nosotros.
Estando allá, la odisea comenzó desde el simple hecho de aprender a movernos en un sistema de transporte público distinto, el tener que trasladarnos de un punto a otro de la ciudad de manera independiente fue algo que nos costó un poco al inicio pero que finalmente con el transcurso de los días adquirimos práctica y hasta las estaciones del metro nos aprendimos de memoria. Y aprender a movilizarse era algo indispensable, debido a que por parte de la JMJ se tenían actividades planeadas para cada día de la semana las cuales se encontraban distribuidas en distintos puntos de la ciudad, ya que al ser un evento tan grande se tenía que tener una planeación para la distribución de todos los asistentes.
Otro factor nuevo para nosotros también era la comida, formas de cocinar diferente con sabores y texturas a los que no estamos acostumbrados y platillos que probamos por primera vez, fue algo interesante que tuvimos.
Siempre nos sentimos como en casa por todas las consideraciones que se tuvieron con los peregrinos, y una de las cosas que más me sorprendió fue que por parte del gobierno se notó mucho apoyo, desde el hecho que se mandó construir infraestructura nueva para la eficiencia del evento, también se mandaron a hacer monedas conmemorativas de la jornada a nivel nacional cosa que es muy halagador como asistente estando en otro país.
Al ser un encuentro mundial de jóvenes con diferentes formas de pensar, culturas, idiomas y un intercambio inmenso, fue muy enriquecedor en muchos aspectos; conocimos personas encantadoras e hicimos nuevos amigos, los cuales a muchos de ellos ya los consideramos parte de nuestra familia. Es increíble como no existe barrera alguna de comunicación a pesar de tener al idioma como principal obstáculo, ya que al ir todos en una misma sintonía con un objetivo en común, se vuelve más fácil este intercambio. El hecho de que se trate de un evento con jóvenes, le da chispa a todas las actividades y se vuelve divertido, lo que hace de un ambiente increíble.
Algo que en lo particular me sorprendió mucho fue que nosotros al portar la bandera de México o decir que veníamos de tal país nos abría muchas puertas, se notaba el cariño que tenía la gente hacia con México y es algo que sin duda me llena de orgullo como mexicana y de satisfacción al saber que pertenezco a un país tan reconocido y querido.
Todo esto sumaba para que esta experiencia fuera cada vez más enriquecedora, sin nunca antes olvidar el objetivo por el que estamos todos: el amor de los jóvenes a Dios, el júbilo que se sentía por la espera a la llegada del Papa contribuyó a una experiencia extraordinaria para así tener una forma diferente de conocer más a Dios y también poderte conocerte a ti mismo; lo aprendes a amar de una forma como no sabias que se podía.
Sin duda no regreso igual a como me fui, vengo llena de alegría y amor de Dios que quiero compartir con más jóvenes como yo; al igual que me traigo muchas nuevas amistades y personas valiosas con los que compartí momentos insólitos, al igual que nunca imaginé volverme tan unida con mis compañeros con los que me fui, formamos una confianza y amistad padrísima que sin duda valoramos mucho.
Definitivamente es algo que volvería a hacer y espero ansiosa por la próxima jornada.

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